Hace tres años, al hilo de ‘Posesión Infernal: El despertar’ (Lee Cronin, 2023), salió a la palestra en este mismo lugar la siguiente cuestión: ¿Sería dicho film el primer eslabón dentro de una inmediata expansión de la franquicia? Ahora, con ‘Posesión Infernal: En llamas’ recién estrenada y una próxima entrega programada para dentro de dos años, la pregunta ha mutado ligeramente. Aunque su esencia misma sigue ahí. ¿Estará quemándose la saga Evil Dead? Un poco como le puede estar pasando a Scream. Sí. Somos peores que la gata Flora.
Que no quepa duda de que la respuesta del público, a nivel taquilla, ha descendido esta vez de manera ostensible en relación a la anterior entrega. Y que, creativamente hablando, también se aprecian aquí muestras de estancamiento. Pero el disfrute más cafre sigue ahí. Los Deadites, también. E incluso un joven cineasta internacional insuflando energía, el francés Sébastien Vaniček esta vez. Y el favor de la crítica ya no digamos. Vistosos y sólidos patrones que mantienen la saga originada por Sam Raimi en 1981 en unos estándares de calidad aún estimulantes.

´Posesión Infernal: En llamas´, sexta entrega ya de la saga, aterrizó en nuestra cartelera el pasado 17 de julio. Liderada por una Souheila Yacoub a la que, tras ´Climax´ (Gaspar Noé, 2018), queda patente que le gusta sufrir en entornos acotados. Dirige y co-escribe Sébastien Vaniček en el que supone su salto a Hollywood tras la estupenda ´Vermin: La plaga´ (2023).
´Posesión Infernal: En llamas´ difumina la linea entre sagas.
En este mundo hiperglobalizado que tenemos, demasiadas veces pasa que no queda muy claro dónde están las lindes. La línea entre géneros cada vez es más difusa. Cosa que para nada es mala. Un asunto que este 2026, dentro del cine de terror, ha saltado inesperadamente a la identidad de las propias sagas. Hace no mucho se estrenaba ‘La Momia de Lee Cronin’, obra que se mostró infinitamente más Evil Dead y Sam Raimi que esta ‘Posesión Infernal: En llamas’ que aquí nos tiene atareados. En contraposición, y en defensa de la de Sébastien Vaniček, podemos aseverar que ‘Posesión Infernal: En llamas’ es más Ready or Not que la reciente y decepcionante ‘Noche de bodas 2’ (Matt Bettinelli-Olpin & Tyler Gillett, 2026). Y luego está por ahí ‘Te van a matar’ (Kirill Sokolov, 2026), que lo es todo. Y todo bien.

Un lío de narices este cruce de cánidos, vamos. En ‘Posesión Infernal: En llamas’, y al igual que ya ocurriera en la entrega de hace tres años, la familia vuelve a ser eje conductor de la sangría. Solo que esta vez es la familia política la que nos dará quebraderos de cabeza. Tras la muerte de su marido en un trágico accidente de circulación, Alice habrá de lidiar con la familia de su pareja. Un núcleo familiar, ya de por sí problemático, en el que la chica nunca acabó de caer muy bien. Losa que agravará su peso toda vez que esta descubra quién era el abuelo del fallecido y qué relación tenía con el Necronomicón.
A partir de ahí, Sébastien Vaniček despliega el ya clásico festival de Deadites con mala baba y ganas de juerga, solo que en modo nuevo extremismo francés, dada la nacionalidad de su autor. Otra linde que se difumina. Aunque, ciertamente, ya desde los tiempos de Fede Álvarez la saga venía tocando esas teclas.
Vaya familia, querida.
Dentro de esa historia sobre inocentes que terminan atrapados en familias disfuncionales, sorprende ver cómo una de las fuentes de inspiración del cineasta francés para ´Posesión Infernal: En llamas´ no es otra que la serie ´The Bear´. Y es que, más allá de que el origen de muchos de los problemas sea un restaurante y su tóxico entorno, la reunión familiar en la que se ve sumergida aquí la buena de Alice deja en cueros a esas quedadas navideñas de los Berzatto a las que, sí, solo les faltaban Deadites.

Si buena parte de ´Posesión Infernal: En llamas´ entrelaza los destinos de Alice y Carmy Berzatto, el golpe final llega cuando el personaje de Souheila Jacoub se emparenta con la Samara Weaving de ´Noche de bodas´ (2019). Y no solo ya en lo puramente argumental, es que hasta en puesta en escena parece Sébastien Vaniček inclinado a calcar la composición visual de aquella y hasta el espíritu. Ello en una monumental gresca entre gabachos y yankees en la que, inesperadamente, acabarás yendo con los primeros.
La saga Posesión Infernal se adentra en los fangos de construir lore.
A la saga Evil Dead nunca le ha importado lo más mínimo eso que comúnmente llamamos: construir lore. O, más que el lore, el llevar un hilo narrativo que una sus diferentes entradas. Más allá de ciertos tropos propios del género y de la saga, y algunos elementos argumentales comunes, bien sean los Deadites o el Necronomicón, poco más hay. Ya desde la trilogía original de Raimi, cada película iba muy a su bola. Y eso aun compartiendo las tres películas al Ash de Bruce Campbell. Condición que alcanzó ya el paroxismo durante el siglo XXI con el remake que obró en 2013 Fede Álvarez. Todo empezaba de nuevo, y nada lo unía al pasado o a la entrega que llevaría a cabo Lee Cronin una década después. Una individualidad tan extraña como grata, y más en época de universos compartidos, que convertía a Evil Dead en una auténtica rara avis dentro de las sagas.

Ahora Sébastien Vaniček rompe de algún modo esa norma no escrita en una ‘Posesión Infernal: En llamas’, oficialmente secuela de la de Cronin, muy preocupada precisamente por crear background. Lo que deriva en una cinta que se pasa de frenada con la duración. Viéndose en última instancia lastrada por ello. Todo esto suponemos que alcanzará ya su cenit en la entrega programada para 2028: ´Evil Dead Wrath´. Dirigida por Francis Galluppi, el film se establece oficialmente como precuela de la cinta que lo originó todo en 1981. ¿Queríais lore? ¡Pues tomad dos tazas! Aunque a ver qué consecuencias trae para la saga la endeble taquilla, en comparación con la robusta recaudación que logró la de hace tres años. Y más en una franquicia que en sus últimas dos entregas ha tonteado peligrosamente con ir directa a streaming.
Nuestra valoración:
