Repaso a la saga ‘Underworld’: travesía a prueba de plata y luz solar

Durante finales del siglo XX y principios del XXI el cine de terror en su variante actioner steampunk vivió un breve pero fogoso cenit. ‘Underworld’, la saga comandada por el realizador Len Wiseman y la actriz Kate Beckinsale, pareja durante buena parte de la misma, marcó un punto y aparte a un estilo que obras como ‘Blade’ (Stephen Norrington, 1998) o ‘Resident Evil’ (Paul W.S. Anderson, 2002) habían potenciado con bastante éxito.

‘Underworld’ fue el último coletazo relevante a un tipo de cine que, de un tiempo a esta parte, acabaría sepultado por otras corrientes más en auge, aunque no tan molonas como esa. Por ejemplo, convertir a vampiros y hombres lobo en vulgares modelos de Gucci. Pero donde esté el cuero que se quiten la brillantina y las caras mustias por tener que madrugar para ir a clase.

Por ello, desde Rock and Films hemos decidido darle una profunda dentellada a la saga ‘Underworld’. La franquicia licántropo-vampírica de Len Wiseman, con filia por el cuero negro ceñido y las balas, bien merece un repaso. Buscad refugio en la oscuridad chupasangres, coged una bolsa de sangre de la nevera y vuestro mejor cáliz, y preparaos para este viaje en compañía de dos razas eternas en continua enemistad.

El cine de terror en su variante actioner steampunk: de ‘Blade’ a nuestros días

El estreno en 1998 de ‘Blade’ supuso un semáforo en verde para el cine de terror en su variante actioner steampunk. En 2002 ese estilo de cine pisó el acelerador con la estupenda secuela del cazavampiros de Marvel, obrada por Guillermo del Toro, y ‘Resident Evil’, otra saga que merece análisis en profundidad. El subgénero encaró la recta final de meta en 2003, con las ruedas algo quemadas ya, con ‘Underworld’. Saga que gozaría de mejores neumáticos en sucesivas entregas, toda vez que se desprendió de la dichosa etiqueta de blockbuster.

La bandera a cuadros para el cine de terror en su variante actioner la ondeó la desmesurada y genial ‘Van Helsing’, de Stephen Sommers, en 2004. Un Sommers al que no estaría de más citar como referente para Len Wiseman y su ‘Underworld’. Vale que en su cine el citado Stephen Sommers siempre viraba más hacia la aventura familiar, sirva como ejemplo la generacional ‘The Mummy (La momia)’ (1999); pero las bases del subgénero estaban ahí, que duda cabe.

Muy curioso como, de primeras, Kate Beckinsale rechazó el papel de Selene en ‘Underworld’ bajo la excusa de su poco gusto por las películas de vampiros para, un año después, no solo embarcarse en ella sino también acompañar a Hugh Jackman en la citada ‘Van Helsing’.

A partir de 2004 dos cineastas se convirtieron en paladines de los restos del cine de terror en su variante actioner. Guillermo del Toro en su díptico ‘Hellboy’ (2004/2008), aún con el steampunk ondeando al viento, y Francis Lawrence, solo que abandonando ya esa estética steampunk, en obras como ‘Constantine’ (2005) y ‘Soy legenda’ (2007). Más tarde Zack Snyder apuntó ramalazos en la muy steampunk, aunque menos de terror, ‘Sucker Punch’ (2011).

Desde entonces, y hasta nuestros días, el cine de terror en su variante actioner steampunk malvive con propuestas ya residuales que nunca terminan de cuajar. ‘Hansel & Gretel, cazadores de brujas’ (Tommy Wirkola, 2013) o ‘El último cazador de brujas’ (Breck Eisner, 2015) son algunas, dejando aparcado el indómito terreno de la serie B.

A la espera de un mesías que reviva el subgénero nos hayamos, y también de una sociedad que le abra los brazos como merece.

‘Underworld’ (2003)

‘Underworld’, el inicio de la saga licántropo-vampírica de Len Wiseman, es un claro ejemplo de película con gustosos ingredientes ahogados por: A) un monótono producto con evidente falta de chispa e inteligencia, y por B) unos antecedentes ante los que no aguanta el tirón.

El cazachupopteros de Marvel (‘Blade’) brillaba en carisma mientras que la modelo metida a mata zombies (‘Resident Evil’) destacaba en estilo. ‘Underworld’ no aguantó el tirón de ninguna de ellas, aunque el éxito de taquilla no le fue esquivo por ello.

 

Len Wiseman y Danny McBride, director y guionista respectivamente, no demostraron la capacidad suficiente para guiar este film. Al primero le afearé una realización errática, parece mentira que sea el mismo que luego entregó la genial ‘La jungla 4.0’ (2007). Y al segundo le echaré en cara una mal calibrada ambición. El uno por el otro, la casa sin barrer. Al final las casi dos horas de metraje de ‘Underworld’ se hacen algo pesadas.

Apuntar que a la Selene de Kate Beckinsale le sobra solemnidad, una seña de identidad no demasiado acorde con el producto. Selene nunca nos ha convencido como personaje. Y por como está desarrollado a nivel de guion intuimos que ni Wiseman ni McBride le tenían mucho aprecio. De hecho, en ‘Underworld’, ambos se la pulen del tercer acto como prueba de fe, y no pasa nada.

‘Underworld (Evolution)’ (2006)

Tras el gatillazo que nos supuso ‘Underworld’, en ‘Underworld (Evolution)’ queda patente que, del primero al último, todos aprendieron la lección.

En esta secuela la saga licántropo-vampírica alcanzó, precisamente, todo eso de lo que adoleció su predecesora; ganando con ello el producto. Sexo, sangre y rock ´n´ roll se abrazaron al fin en un creepy, gótico y gozoso film que penetró de lleno en la serie B con todas las de la ley. Y que no se nos olvide incluir en la anterior ecuación otro elemento clave en el grato jolgorio que es ‘Underworld (Evolution)’. Un villano más temible, feo y despiadado.

Cuenta la leyenda que tanto ‘Underworld’ como ‘Underworld (Evolution)’ se concibieron como una sola película, pero por exigencias comerciales se dividió en dos obras. Vamos, un caso similar al de Quentin Tarantino y su ‘Kill Bill’. En verdad la trama de esta secuela se inicia donde acabó el anterior capítulo, reforzando esa leyenda que ya tiene poco de leyenda y mucho de hecho.

En ‘Underworld (Evolution)’ nos topamos con un Len Wiseman más maduro en la realización y a un Danny McBride más consciente del espíritu festivo y juguetón de lo que maneja, los dos grandes defectos que condenaron ‘Underworld’.

‘Underworld (Evolution)’ fue el último servicio de Scott Speedman a la saga licántropo-vampírica, aunque él aún no lo sabia. Ni nosotros. El actor que diera vida al híbrido Michael Corvin, objetivo amoroso de Selene y uno de los personajes más queridos y carismáticos de la franquicia, desaparecería tras esta segunda entrega. Aunque los guionistas, empezando a demostrar ya su masoquista tendencia por el autoboicot, decidieron incluir al personaje en ‘Underworld (El despertar)’ (2012). Apareciendo poco, eso sí, y siempre en penumbras ya que Speedman pasó olímpicamente del proyecto.

‘Underworld (La rebelión de los licántropos)’ (2009)

Si en ‘Underworld (Evolution)’ Scott Speedman se bajó del barco, en ‘Underworld (La rebelión de los licántropos)’ fue Kate Beckinsale la que decidió hacer lo propio. Oficialmente se dijo que fue debido al ostensible descenso en el presupuesto de esta tercera entrega, pero en verdad suena a excusa barata para intentar encubrir el primer acceso de hartazgo de la actriz con la saga. Si el presupuesto dio para mantener a Bill Nighy o Michael Sheen, también pesos pesados, ¿por qué no a la Beckinsale?…

Líos extra cinematográficos aparte, ‘Underworld (La rebelión de los licántropos)’ supo sobrevivir a la ausencia de sus dos cabezas visibles: la Selene de Kate Beckinsale delante de la cámara y Len Wiseman detrás. Y lo hizo convirtiendo esta tercera entrega, que en realidad es precuela de ‘Underworld’, en una genial mezcla de pulp relato bíblico, cinta de intrigas palaciegas y drama shakespeariano.

‘Underworld (La rebelión de los licántropos)’ retrocede en el tiempo para narrarnos el origen de la enemistad entre vampiros y licántropos; colocando a Viktor, líder de los primeros, y Lucian, futuro líder de los segundos, en el centro de la diana. Personajes que ya jugaban papel importante en ‘Underworld’, y a los que aquí volvemos, Bill Nighy y Michael Sheen mediante. Y en verdad ese es uno de los principales lastres de este tercer episodio, que todo lo que nos narran aquí ya nos lo mostraron mediante flashbacks en la cinta de 2003. Eso elimina de un plumazo cualquier posible intriga, pero la película lo compensa con otros elementos.

Igual queda feo decirlo, pero si ‘Underworld (La rebelión de los licántropos)’ evoca directamente a ‘Espartaco’ (Stanley Kubrick, 1960), se dice y punto. La obra también se ve poseída por el espíritu de la trilogía El señor de los anillos, de Peter Jackson. Esta saga ya se quedó con ganas de caminar por esa vereda en los primeros minutos de ‘Underworld (Evolution)’, y en esta tercera entrega la penetra por completo ya sin pudor. Rodar en Nueva Zelanda aprovechando escenarios ya usados para el tríptico de Jackson también tuvo mucho que ver.

A pesar de los pesares, y de nuestras eternas reticencias hacia el personaje de Selene, con ella incluida en la trama, máxime cuando el origen del personaje data de las fechas en que se desarrolla este film, ‘Underworld (La rebelión de los licántropos)’ podría haber aspirado a ser la mejor entrega de la saga. Pero ya hemos hablado antes de lo del autoboicot y tal. Su sustituta fue (risas enlatadas) una tal Rhona Mitra.

En ‘Underworld (La rebelión de los licántropos)’ Len Wiseman, con bastante morriña según comentó en su momento, le cedió la silla del director a Patrick Tatopoulos, quien ya desempeñara funciones importantes en el departamento visual de las dos cintas precedentes. Y no se defendió mal el griego.

‘Underworld (El despertar)’ (2012)

Seis años después de bajarse del barco, Kate Beckinsale volvió a la saga licántropo-vampírica en ‘Underworld (El despertar)’. Cinta que supo calcar todo lo bueno del modelo ya usado en ‘Blade Trinity’ (David S. Goyer, 2004) y dejar aparcado todo lo malo, para entregar una aún resistente secuela que se compenetra a la perfección, cual Yin y Yang, con ‘Underworld (Evolution)’.

‘Underworld (El despertar)’ recupera la exitosa fórmula ya usada por ‘Underworld (Evolution)’, solo que ahora se le da más peso al factor thriller, fruto de la inclusión de una nueva especie en el lote: los humanos. Aquí también se recupera para la causa aquello de incluir un villano más temible y despiadado.

‘Underworld (El despertar)’ es serie B, por descontado; pero es que es ahí donde mejor ha demostrado comportarse la saga. Dentro de esa etiqueta, esta cuarta entrega de la franquicia se atrevió a penetrar en el universo de los mad doctors, mediante el personaje de Stephen Rea. El mito de Frankenstein siempre como clara alusión.

‘Underworld (El despertar)’ fue la última entrega de la saga con Len Wiseman, uno de sus creadores, participando activamente en la sección creativa. Danny McBride, el otro pilar importante de la saga en lo creativo, se bajó del barco tras ‘Underworld (La rebelión de los licántropos)’. Los suecos Måns Mårlind & Björn Stein fueron los encargados de ocupar asiento en la silla del director, y no hicieron mala labor.

‘Underworld (Guerras de sangre)’ (2016)

‘Underworld (Guerras de sangre)’ es, con diferencia, lo peor de la franquicia licántropo-vampírica. Un rutinario y perezoso ejercicio, sin pizca ya de identidad, y con un más que dudoso sentido del espectáculo. Apetece no considerarlo canon dentro de la saga.

‘Underworld (Guerras de sangre)’ tardó cuatro años en llegar. Lo que indica que el film de Anna Foerster fue un mero trámite; y más aún cuando entre entrega y entrega solían pasar tres años y ‘Underworld (El despertar)’, su predecesora, fue la cinta más taquillera de la saga.

Cada entrega de ‘Underworld’ solía contagiarse de las fiebres de la época. ‘Underworld (Guerras de sangre)’ habitó muy empañada por la moda ‘Juego de tronos’. Y no solo ya en lo evidente, la presencia de dos actores de la serie, Charles Dance y Tobias Menzies, sino también en su diseño escénico, muy a lo «El Muro».

Aunque ‘Underworld (Guerras de sangre)‘ no fue concebida como un broche final, queda patente que el paso de los años le ha dejado ese barniz. Y si no broche a la saga, que con el Hollywood de hoy en día nunca se puede usar ese calificativo, si al menos broche a una etapa de la saga. Qué duda cabe que paupérrimo broche.

Al hilo de lo anterior, las últimas declaraciones de Kate Beckinsale en entrevistas, cuando se le inquirió sobre si habría más ‘Underworld’ con ella, datan de 2018 y fueron muy drásticas: «No volvería. He hecho muchas.» 

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