El jovencísimo Kane Parsons, bordeando lo ofensivo, diríamos, debuta en el largometraje estirando su viral fenómeno de las Backrooms. Esa propuesta de terror liminal en formato webserie y con aura de creepypasta que el californiano ha ido colgando puntualmente en YouTube. Y, como no podía ser de otra manera toda vez que el término viral entra en la ecuación, el tal Parsons se ha llevado por delante con ‘Backrooms’ todo lo que se ha cruzado en su camino. Nombres tan potentes como los de James Wan, Shawn Levy, Osgood Perkins o Peter Chernin, con A24 distribuyendo, le han brindado los medios, y él ha aprovechado para ponernos entre la espada y la pared con la natural prolongación de su desasosegante universo compuesto por laberínticos e interminables pasillos, mobiliario repartido de manera arbitraria y agobiantes fluorescentes de luz sepia.

Y si detrás de ‘Backrooms’ hay nombres importantes, delante Kane Parsons no se ha amilanado. Chiwetel Ejiofor, Renate Reinsve y Mark Duplass osan adentrarse en este peculiar cosmos no apto para gente con problemas de localización que llegó a nuestros cines el pasado 5 de junio.
La generación YouTube cruza el umbral.
Ha costado, pero la generación YouTube empieza estos últimos años a asomar la patita por Hollywood. Un poco como cuando, a finales del pasado siglo, lo hiciera esa generación de directores llegados del mundo del videoclip o de la publicidad. Ahora empezamos a ver caer del árbol los frutos de esos chavales que se criaron consumiendo compulsivamente videos y, posteriormente, subiéndolos al gigante de la difusión audiovisual.
Primero fueron Michael & Danny Philippou con ‘Háblame’ (2022), curiosamente el mismo año en que Kane Parsons subía su primera aportación al universo de las Backrooms. Y ahora, junto a ‘Backrooms’, coinciden en la cartelera yankee ‘Obsession’ e ‘Iron Lung’. La confirmación de otros dos tipos, Curry Barker y Mark Fischbach respectivamente, que también cimentaron su incipiente talento al calor de YouTube. Recogiendo ahora las mieles de un éxito unánime de crítica y público que reafirma al servicio de streaming más do it yourself como campo de entrenamiento ideal. Y es que no deja de ser YouTube el reemplazo natural a esos festivales de cortometrajes que proliferaban el pasado siglo, cual caracol tras una fuerte lluvia.

En ese laberinto de ceros y unos entrenó Kane Parsons con la webserie ‘Backrooms’, que vio como un 7 de enero de 2022 subía su primera aproximación con el cortometraje homónimo. Retitulado posteriormente como ‘Backrooms (Found footage)’. Casi diez minutos de desconcierto, asombro y pesadila con más preguntas que respuestas, que cuatro años más tarde y veinticuatro episodios después fructifica en el consabido largometraje.
´Backrooms´: ¿La crisis de la mediana edad de un veinteañero?
Clark es un arquitecto frustrado, reconvertido por necesidad en vendedor de muebles. En plena crisis de los cuarenta, acaba topándose con una puerta que lo lleva directo al extraño mundo de las Backrooms. Al lugar acabará arrastrando a una serie de personajes, entre los que se encuentra Mary. Una afamada terapeuta que también oculta su propia dosis de buenos traumas. Y lo que pase en las Backrooms, se queda en las Backrooms.

Así comienza un Kane Parsons que se revela como tremendamente viejoven a construir en ‘Backrooms’ la expansión de su curioso universo. Y es que, ¿cómo es posible que un veinteañero incipiente se vea con necesidad de reflejar la crisis de los cuarenta? ¿Será quizás más una aportación de Will Soodik, su guionista para la ocasión? Entre ambos construyen aquí un cosmos de pesadilla, paralelo al nuestro y regido por sus propias normas, que te pone a prueba. Un poco a modo de esa dimensión de la que llegaban los cenobitas en la saga ‘Hellraiser’, solo que ellos traían su inevitable condena a nuestro mundo. Aquí la llevamos nosotros. Y puedes entrar y salir a placer de la mazmorra mental, una laxitud que le resta noqueo a la propuesta.
‘Cube’ es probablemente el ejemplo más obvio que viene al recuerdo viendo el film, pero hay mil ejemplos más que han explotado el formato de terror liminal que exprime aquí Kane Parsons. ‘El Tubo’ (Mathieu Turi, 2020) en la parte reflejo mental condenatorio, o ‘Exit 8’ (Genki Kawamura, 2025) en lo que a terror liminal jugón concierne, son un par de muestras recientes que equilibran lo que aborda aquí Kane Parsons. ´Vivarium´ (Lorcan Finnegan, 2019) también tiene algo de todo lo anterior, y llevado a una crisis existencial en toda regla como la que aquí sufre el personaje de Chiwetel Ejiofor. Y el cariz corporativo lo luce ‘La cabaña en el bosque’ (Drew Goddard, 2011), solo que allí teníamos una especie de Backrooms meta.

Más exploración de universo que noqueo en una ´Backrooms´ que peca de entrega de transición.
Como todo aquel que dispone de un amplio universo que moldear a su antojo, Kane Parsons peca en ‘Backrooms’ de darle mucho más peso a la exploración, bien sea del entorno «atención a esos alucinantes escenarios cuidados hasta el más mínimo detalle» o bien de los personajes, que a la sacudida. Aunque las hay. Y transitando por lugares atípicos, a priori. Como ese inesperado homenaje a uno de los momentos más enloquecidos de ‘La matanza de Texas’ (Tobe Hooper, 1974) en ese falso tercer acto que se marca Kane Parsons. Al hilo de ello, hay que hablar del extraño esquema que luce ‘Backrooms’.
Durante tres cuartos de metraje tenemos un protagonista, Clark. El cual finalmente se revela solo como un simple vehículo en esa especie de serialización que sufre el film. Algo que acaba dando con la Mary de Renate Reinsve como la verdadera cabeza de cartel en un cliffhanger que nos anticipa una segunda temporada tremenda. Lo que nos lleva a plantearnos si en realidad ´Backrooms´ es sencillamente una entrega de transición hacia algo mayor. A tal respecto, su secuela está ya en marcha. Así que tendremos Backrooms para rato.
Nuestra valoración:
