Crítica de ‘Samaritan’ (2022). Stallone estrena superpoderes

Sylvester Stallone se estrena de manera oficial en el género de superhéroes, o al menos en ese en el que sus protagonistas tienen poderes más allá de la comprensión humana, con ‘Samaritan’. Una cumplidora, aunque seguramente un pelín encorsetada cinta de acción firmada por Julius Avery, que aterrizó en Amazon Prime Video el pasado 26 de agosto. Por el camino quedan sucedáneos como ‘Juez Dredd’ (Danny Cannon, 1995) o su aún pendiente de cierre colaboración con Marvel en ‘Guardianes de la galaxia Vol. 2’ (James Gunn, 2017).

Érase una vez en Granite City

Nos situamos en Granite City, una gris urbe norteamericana sumida en la pobreza y la delincuencia. Antaño allí, en una época seguramente más próspera y luminosa, dos hermanos gemelos surgieron a su amparo. Némesis y Samaritan. Ambos superhombres que, con el paso del tiempo, recorrieron sendas completamente opuestas. Samaritan la de la luz, Némesis la de la oscuridad. Su continua lucha, y el temor que infundían ambos entre el pueblo, acabó con la población alzándose en armas contra estos y su familia. Desembocando todo ello en la triste desaparición de todos ellos.

Ahora, algunas décadas más tarde, Granite City avanza como puede entre un caos próximo a la anarquía más absoluta. En ese nada esperanzador marco emerge Sam Cleary. Un adolescente de férreos valores, aunque siempre tentado de pecar fruto de un entorno nada próspero para florecer de la manera correcta. Samaritan es su héroe, y siempre fantasea el muchacho con la idea de que éste nunca pereció. Una quimera que le ayuda a sacar ligeramente la cabeza de su pesarosa realidad.

Ese clavo ardiendo al que se aferra Sam con tanta insistencia le acaba llevando directo a vigilar, de manera casi obsesiva, a Joe Smith. Un solitario vecino, de misteriosas costumbres para él, que trabaja de basurero y que oposita al puesto de Samaritan. Por el camino el chico también entrará en contacto con Cyrus, un peligroso maleante que tiene a Némesis como su principal fuente de inspiración, y que planea algo no muy beneficioso para el devenir de Granite City.

Las fuentes de las que bebe ‘Samaritan’

Sylvester Stallone y Pilou Asbæk, al que recordarán de ‘Juego de Tronos’, lideran ‘Samaritan’. Cinta basada en una serie de novelas gráficas del sello Vértigo con clara fuente de inspiración en el «Watchmen» de Alan Moore. Una crepuscular historia de superhéroes ya en el ocaso, y prácticamente defenestrados por la sociedad, bajo la batuta de un Julius Avery que vuelve cuatro años después de la soberbia ‘Overlord’ (2018).

‘Samaritan’, hablando ya de lo puramente cinematográfico, evoca sobremanera a la reciente ‘Archenemy’ (Adam Egypt Mortimer, 2020). Una sensación que ya despertó con el solo visionado de su tráiler, ese que Amazon sacó a la luz a finales de julio, y que tras ver la película se confirma, aunque con letra pequeña.

‘Samaritan’ y ‘Archenemy’ son primas hermanas, eso resulta innegable. Aunque mientras que la de Adam Egypt Mortimer proponía una visión más marciana y seguramente de nicho de esa historia de superhéroes acabados y a la búsqueda de redención, esta de Julius Avery nos entrega la versión comercial de dicho material. A partir de ahí ya que cada espectador decida lo que prefiere. Dejando claro en todo momento que ninguna de ambas opciones, aun estupendas, acaban siendo en ningún momento todo lo redondas que gustaría.

El complemento ideal

Hay ocasiones en las que un determinado plot twist, en el momento justo, es capaz de salvar los muebles. Vale que en ningún momento ‘Samaritan’ recorre la senda de la ruina total, por lo que nunca llega a necesitar a un tipo con los calzoncillos por fuera y capa que lo rescate. Pero en este caso dicho giro sirve como idóneo complemento, no sé si para dar personalidad, pero sí como poco para diferenciar a dos señoras que habían acudido con el mismo modelito a la boda.

Hay en ‘Samaritan’, al inicio del tercer acto, un girito muy sabroso que revoluciona por completo un trabajo que, hasta ese momento, se había mostrado quizás excesivamente encorsetado. Hasta ese último tercio de metraje siempre va quedando la sensación de que la historia da para mucho más de lo que Julius Avery, con guion de Bragi F. Schutt, te está mostrando. Una rigidez de esas que no molesta, pero tampoco ayuda.

Visualmente ‘Samaritan’ bebe mucho de ‘El protegido’ (2000) de M. Night Shyamalan. Imposible no equiparar al Bruce Willis de aquel film con el Sylvester Stallone visto aquí, y ya ni hablemos de la paleta de colores de las ciudades que sirven como marco.

Nuestra valoración:

Nota Rock and Films

Tráiler de ‘Samaritan’

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