Poster de la película Reina de corazones 2019

Crítica de ‘Reina de corazones’ (2019). A través de la madriguera

La directora danesa-egipcia May el Toukhy reflexiona en ‘Reina de corazones’ sobre los límites y consecuencias de la libertad personal y sexual a través de un melodrama tensado con las cuerdas del thriller psicológico y ciertos elementos existenciales del cine negro.

Escena de la película Reina de corazones donde aparecen Gustav y su madrastra en la cama

Desestabilizar mundos perfectos 

Anne (Trine Dyrholm), abogada especializada en casos de abusos contra menores, y su marido, Peter (Magnus Krepper), doctor, conforman un matrimonio perfecto y exitoso tanto en lo laboral como en lo personal. Pertenecen a esa clase media-alta que se ha esforzado para que la globalización les trate bien y así poderle sacar el mayor partido posible: viven en una espaciosa y lujosa casa de estilo modernista perfectamente enclavada en un entorno natural bucólicamente escandinavo; tienen dos hijas gemelas, Fanny y Frida, que gozan de salud, buena educación, y buenas maneras y sentimientos; organizan cenas en su jardín para parejas amigas en las que se deleitan hablando de temas poco mundanos mientras saborean una copa de buen vino y escuchan música clásica o jazz moderno. Sus trabajos dan sentido a sus vidas; ayudan a los más débiles. Su éxito personal y laboral son un modelo de vida. Pero tanta  perfección, virtud, buen gusto estético y dedicación a la corrección política y la justicia se hacen añicos cuando Gustav  (Gustav Lindh), hijo adolescente de un primer matrimonio fallido de Peter, viene a vivir con ellos.  La presencia del rebelde e “imperfecto” Gustav, cuya vida como hijo de un matrimonio fracasado intuimos no ha sido ni tan perfecta ni tan exitosa, abre la caja de la nostalgia por los instintos básicos de Anne, haciendo que ésta se revuelva contra la perfección controlada en forma de deseos implacables de liberarse de su propia condición de madre y trabajadora perfecta y de sentirse sexualmente atractiva, lo que la llevarán a seducir a su propio hijastro con el que mantendrá una relación sexual y sentimental con trágicas y fatídicas consecuencias.

Fotograma de la película de Reina de corazones donde vemos a Gustav y su madrastra.

Una perfecta combinación de elementos melodramáticos

May el-Toukhy lanza una piedra a un estanque quieto donde las hondas del agua van poco a poco construyendo una estructura narrativa en ascendiente tensión muy bien apuntillada por una estética sobria que en ningún momento cae en preciosismos ni formalismos ostentosos, y que al mismo tiempo se apoya en una banda sonora original emocionalmente y psicológicamente acorde con el drama y la tragedia que lentamente se despliega ante nuestros ojos. 

Aunque la historia y las escenas explícitas de sexo ilícito nos puedan retrotraer en cierto modo a los thrillers eróticos de Adrian Lyne, como ‘Infiel’(2002) o ‘Atracción fatal’(1987), la película comparte la atmósfera dramática de otras producciones europeas como ‘Olivier, Olivier’ (Agnieszka Holland, 1992) o ‘The War Zone’ ( Tim Roth, 1999) donde el tabú del incesto o relaciones sexuales forzadas se presentan como elementos generadores del suspense y la tensión. También queda claro que la anticipación de la inestabilidad emocional y psicológica de los personajes son reminiscentes de los melodramas de Douglas Sirk. Sin embargo, el objetivo de Anne, a diferencia de las mujeres de Sirk, no es la libertad de elección para conseguir la deseada unión heterosexual bajo un espacio familiar socialmente aceptado, sino la libertad de transgredir las normas para sentirse quien Anne cree que ya no es: una mujer libre.

En la primera parte de la película, Anne refleja el mundo interior de claustrofobia doméstica, hastío o apatía emocional del melodrama de mujeres,  pero poco a poco se va transformando en una femme fatal del cine negro que acaba arrastrando al otro a los límites de la moralidad y los infiernos de la complicidad en el delito y el engaño.

A pesar de rezumar elementos existenciales propios del cine negro de los 40 y 50, la gran diferencia en ‘Reina de corazones’ es que esto no es Hollywood, y por lo tanto no hay que moralizar en pantalla lo que supuestamente es delictivo y punible fuera de ella. May el-Toukhy y su coguionista Maren Louise Käehne no pretenden dar lecciones de moral a nadie. No es necesario ajusticiar a los supuestos culpables en pantalla porque, y he aquí el énfasis realista de la película, será el público el que decida si hay alguien a quién culpar.

Forograma de la película Reina de corazones

La oscura madriguera de Alicia

Vista la cantidad de películas escandinavas que se han adaptado en el cine comercial americano en los últimos años, y teniendo en cuenta los premios y la atención mediática que la película ha generado, sobre todo en EEUU, es muy previsible un futuro remake donde la puesta en escena y el ritmo sean más frenéticos y más espectaculares que en esta producción sueco-danesa que, por el contrario, como si fuera heredera de las cadencias y los silencios de Ingmar Bergman, no duda en tomarse su tiempo en desarrollar la acción y la vida interior de los personajes, antes de empujarnos a un oscuro agujero lleno de giros e inflexiones sorprendentes.

En ‘Reina de corazones’ es el adolescente Gustav quien se desliza por ese oscuro agujero, la oscura madriguera de la fantasía sexual de los adultos, pero Gustav no sabe que el mundo de los adultos está lleno de hipocresías y apariencias, de tácitas reglas inmorales, que permiten que la sociedad global de nuestros días funcione con apariencia de decencia y democracia. En esa madriguera fantasiosa se encuentra el personaje principal de la película, la Reina de Corazones de Lewis Carrol, “llena de furia ciega”. Más allá de las claras pretensiones simbólicas del título,  el recurso a ‘Alicia en el país de las maravillas’ de Lewis Carrol, el cuento que Anne y después Gustav, leen por la noches a las gemelas Frida y Fanny,  nos revela una clave más para entender la complejidad de esta película aparentemente sencilla y de trama previsible: para sobrevivir en el mundo de los adultos Alicia tiene que adentrarse en la madriguera, dejar atrás la inocencia de los juegos y la ingenuidad de la infancia, y aceptar que los adultos viven en un mundo de reglas que solo ellos conocen porque son ellos quienes las han creado, quienes han decidido vivir conforme a ellas. Pero quizá Gustav, una víctima de las reglas de los adultos, no las acepte, o no sepa aceptar que los adultos, como los niños, también pueden manipular esas reglas.  En ‘Reina de corazones’ las maravillas solo existen en el país de la ficción.

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