Crítica de ‘Midsommar’ (2019). La confirmación

Nosotros, Midsommar’ o la futura ‘The lighthouse’. Queda patente que este 2019 es el año de la confirmación para todos esos que se postulan como abanderados del horror para los próximos años. Jordan Peele, Ari Aster y Robert Eggers, todos ellos entregando valientes y definitorias segundas obras en las que se abren en canal definitivamente, para que tú, como espectador, sólo puedas hacer una cosa: o tomarlo o dejarlo. No hay medias tintas en este viaje sin retorno hacia el emplazamiento que definirá el cine de terror de la próxima década.

Replicando la fórmula del éxito

En ´Midsommar’, un Ari Aster en sus trece replica la fórmula que ya usó con rotundo éxito en ‘Hereditary’, para obrar esta vez una cinta de clara influencia folk-horror con la misma personalidad de aquella, pero bastante menos eficacia. El cineasta neoyorquino perturba, incomoda, desconcierta y horroriza, pero nada de todo ello acaba de helarte la sangre como debiera y te gustaría.

Una joven, recién salida de un suceso traumático, decide viajar junto con su novio y un grupo de amigos a una apartada comunidad sueca. Allí serán testigos del Midsommar, una atávica celebración pagana para recibir el verano que se celebra cada noventa años.

A partir de ahí Ari Aster despliega su plumaje, cual pavo real, entregando un perturbador, incómodo y desconcertante ejercicio, entre el drama y el horror psicológico, con el que pretende hacer aflorar en el espectador las turbias sensaciones de su anterior película. Por todo ello, si odiaste aquella, con Midsommar’ no habrá arreglo. Por contra si amaste aquella, con Midsommar’ habrá también amor, pero a menor escala. El realizador se entrega sin medias tintas, cual ofrenda de su Midsommar, al devoto; pero al final el sacrificio termina revelándose menos placentero de lo deseado.

Midsommar

Bajada de decibelios

La primera bajada de decibelios de Midsommar’ llega fruto de los personajes. Su multicultural y fútil grupo de adolescentes no transmite absolutamente nada. No te importan, no te conmueven, no moverías un dedo por ellos. Lo que hace que la supuesta atmósfera nunca acabe de funcionar del todo. A la postre crea más incomodidad eso que la propia “secta” sueca.

La segunda bajada de decibelios de Midsommar’ llega fruto de lo predecible que resulta la senda tomada por el film. Quizás fruto de echar raíces en un subgénero en concreto, el folk-horror, el lote ofrece menos capacidad de sorpresa en la parte argumental; lo que deriva en más acartonamiento.

La tercera bajada de decibelios de Midsommar’ llega fruto de ser un producto menos de detalles y más de impacto directo. La cinta puede funcionar como terapia para afrontar la pérdida y superar el duelo, pero al margen de eso es una obra con poco más subtexto.

Ya sé que la comparación es ilícita, y basar tu opinión sobre una película más en lo que no es que en lo que sí es, resulta un burdo recurso de parvulario. Pero es que ‘Hereditary’ es una obra inabarcable que marcará, tanto la carrera de Ari Aster en particular como el futuro del cine de terror en general, y eso es poca broma. Así que perdónenme la continua comparación.

Ari Aster, prototipo de genio

A pesar de los pesares, y de que Midsommar’ funcione en mayor o menor medida, hay que reconocer que Ari Aster es el perfecto prototipo de genio. No deja nada al azar, y se nota.

Me he pasado las casi dos horas y media de metraje pegado a la pantalla sin prácticamente pestañear. Imaginen qué no me sucederá con el extended-cut de casi tres horas que llegará más adelante. Habilidad que el realizador logra fruto de una narración magnética y una dirección muy cuidada y medida, aunque aquí todo ello menos ligado al detalle.

Midsommar

Este horror a plena luz del día que es Midsommar’, y que puede complementarse con aquella horror en la oscuridad que era ‘Hereditary’, conserva una turbadora belleza visual ante la que es imposible no rendirse. Aunque este segundo largometraje de Aster fascinará menos en sucesivos visionados.

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