Crítica de ‘Adiós’ (2019). Quejío sin duende

Paco Cabezas, Mario Casas y Vicente Romero vuelven a reunirse en ‘Adiós’ nueve años después de la genial y siempre reivindicable ‘Carne de neón’ (2010). Y la verdad sea dicha, cualquier tiempo pasado fue mejor. Menudo varapalo me he llevado con este film.

Todos ellos han madurado notablemente a lo largo de estos nueve años, eso queda patente en ‘Adiós’. Pero como diría el dramaturgo Tom Stoppard: «Madurar es un alto precio a pagar por crecer».

Haciendo las Américas

El otrora descarado Paco Cabezas de ‘Carne de neón’ hizo las Américas. Un puñado de episodios de series yankees y una película con Nicolas Cage después, el sevillano ha vuelto de su periplo norteamericano. Pero lo ha hecho sin duende.

Juan Santos sale de prisión mediante un permiso especial para acudir a la comunión de su hija, Estrella. Pero a la vuelta del convite la niña fallece en un fortuito accidente de tráfico del que sus padres salen ilesos. Accidente que oculta más de lo que aparenta. Los Fortuna, los Taboa y los propios Santos, varias bandas dedicadas al narcotráfico que controlan la zona, están relacionadas con el percance. Juan no dudará en buscar venganza, mientras la policía trata de atar sus propios cabos buscando justicia.

Así se desarrolla ‘Adiós’. Un thriller poco inspirado y muy de fachada, con el amor paternofilial como timón, claro denominador común a lo largo y ancho de la filmografía de Paco Cabezas.

La cinta juega todas sus bazas a unos estereotipados personajes, calco de los ya mostrados con más acierto y frescura en ‘Carne de neón’. Muy sentidos todos ellos, e imbuidos de solemnidad para parar una procesión de Semana Santa, pero que por contra acaban dando absolutamente igual. Y contra eso, adiós.

Ruth Díaz salva los muebles

Puedo tolerar personajes que den igual, siempre y cuando lo que les rodee sea relativamente interesante. Vamos, lo que este año ya me pasó en ‘Midsommar’, lo último de Ari Aster. Pero es que, si a unos personajes inanes y también de fachada, les unes una trama nada evocadora, apaga y vámonos.

En ‘Adiós’ Ruth Díaz es la única que se salva, es el único personaje que me ha importado y por el que movería un dedo.

Esos personajes, a modo de clichés andantes, y esa trama fútil hacen que la emoción y la tensión, dos elementos se suponía clave del lote, no me calen. También hay ciertas decisiones de guion que se me antojan pilladas con pinzas.

En fin, en eso deriva no creerse los personajes.

El thriller en España

El thriller es un género que ha crecido en España durante los últimos años de manera exponencial. Y ha crecido tanto en numero de propuestas como en la calidad de las mismas, para suerte del espectador. Pocas son las películas que no rozan el notable. Pero hay que tener claro que, cuanto más se usa algo, más se conoce. Y cuanto más se conoce, más se le exige. Y esta obra de Paco Cabezas no aguanta demasiado bien la exigencia.

‘Adiós’ es simplemente la penúltima muestra de que el género, a nivel de interés por parte de los implicados, sigue en alza; pero a nivel de calidad, empieza a dar síntomas de lógico agotamiento y clara falta de ideas.

Me surgen varios thrillers mejores que ‘Adiós’. Y no solo ya entre los considerados canon dentro del cine español, sino también entre los que pasaron más desapercibidos.

Estoy pensando, por citar alguno, en ‘Toro’ (Kike Maíllo, 2016). Film muy superior a ‘Adiós’ y que no necesitó vivir tanto de la fachada y el cliché para funcionar.

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