Crítica de ‘Willy´s Wonderland’ (2021). Pesadilla en el Chikipark

El pasado 12 de febrero llegó al mercado norteamericano directamente en formato V.O.D., y también a algunos cines, ‘Willy’s Wonderland’. Un exploit firmado por Kevin Lewis, y todavía pendiente de estreno en España, que se erige de maravillas a modo de apéndice apócrifo de la estupenda ‘Furia ciega’ (Patrick Lussier, 2011). Un energizado e hiper verborreico Nicolas Cage, disfrazado para la ocasión de Alberto Chicote badass en una especie de Pesadilla en el Chikipark, se ve inmerso en una locura de remake folk-horror y al cubo de la ‘Muñeco diabólico’ (1988) de Tom Holland. Todo ello con la rúbrica de un remedo de estudiante de primero de carrera de Rob Zombie.

Nicolas Cage: abanderado del fantástico

De un tiempo a esta parte, además de convertirse en el perfecto epítome de la mutabilidad actoral, y en irremediable icono mediático, Nicolas Cage se ha erigido como abanderado de una provechosa terna de obras con inclinación por el fantástico más outsider y delirante.

A la ya mencionada ‘Furia ciega’ se le unen cintas como ‘Mamá y papá’ (Brian Taylor, 2017), las sitgeras ‘Mandy’ (Panos Cosmatos, 2018) y ‘Color out of space’ (Richard Stanley, 2019) o la ‘Willy’s Wonderland’ que hoy nos ocupa. Con mayor o menor repercusión, e incluso con mejor o peor resultado final, pero todas ellas son reseñables en gran medida.

Ahora, con este film de Kevin Lewis que nos ocupa, el actor californiano prolonga un poco más su notable leyenda en el género.

Los ocho animatrónicos vs. Nic Cage

Un absorto conductor, al que a partir de ahora pasaremos a conocer únicamente como The Janitor, algo así como El Conserje, circula por apartadas carreteras del estado de Nevada. De sopetón, y fruto de una maliciosa cadena de pinchos hábilmente colocada en el asfalto, las ruedas le revientan en las cercanías de Hayesville.

Apenas unos segundos después aparecen Jed, el mecánico de la localidad, y su grúa para remolcar el coche averiado. La broma le va a salir cara a nuestro protagonista, eso no lo duden ni por un segundo. Y únicamente tiene tarjeta de crédito para efectuar el pago, algo del todo inútil en un ajado lugar por el que la era digital pasó de largo. Por ello The Janitor decide alcanzar un trato con el misterioso Tex Macadoo, un enigmático empresario local.

    

Ellos no le cobrarán nada por el arreglo del coche a cambio de que él, a lo largo de una noche, remodele y limpie a fondo un local de ocio familiar venido a menos y prácticamente en la ruina. The Janitor, imagino que ahora entienden a cuento de qué dicho apodo, acepta la oferta sin siquiera intuir la agitada noche que le espera por delante cuando, varias marionetas animatrónicas con ansias homicidas, cobren vida.

La joven Liv Hawthorne y su disfuncional grupo de amigos también se verán inmersos en la locura, al igual que la Sheriff Eloise.

‘Willy’s Wonderland’, ¿comedia de terror o terror de comedia?…

Con esos mimbres despliega el realizador Kevin Lewis, tras catorce años sin firmar nada, ‘Willy’s Wonderland’. Una imperfecta aunque disfrutona comedia de terror de serie B a la que le falla, en gran medida, el no saber verter en la propuesta la dosis correcta de cada ingrediente.

El gran defecto de Kevin Lewis son sus continuas dudas a la hora de equilibrar correctamente comedia y terror, los dos listones entre los que oscila el film.

    

Dado su demencial, surrealista, y hasta caricaturesco planteamiento, ‘Willy’s Wonderland’ nunca puede ser una cinta de terror puro. Es imposible que unas mascotas gigantes de felpa den verdadero miedo. A no ser que te las encuentres en la Puerta del Sol y te intenten endiñar algo a la fuerza, claro. Pero el cineasta, curiosamente, es el único factor de la ecuación que se toma en serio. Por contra, la comedia, obvio eje central de la propuesta, nunca acaba de interesarle más allá de lo manifiesto; y en esas dudas se embarran tanto él como la película.

Yo, como espectador, y a pesar de las continuas dudas del realizador, pasé más tiempo de metraje riéndome que aterrorizado. Y es que, no se confundan. Ese es el verdadero objetivo. Aunque Kevin Lewis quiera jugar otra cosa.

El reflejo en el espejo de Rob Zombie

‘Willy’s Wonderland’ retrotrae a muchas otras obras del género, lo que invita a amar más aún un trabajo que, ya por planteamiento, hay que amar.

El juego de espejos que se establece entre la cinta de Kevin Lewis y la obra de Rob Zombie va mucho más allá de lo evidente, por ejemplo: ese plausible paralelismo que establece ‘Willy’s Wonderland’ con la película ’31’ (2016) del citado Zombie. Pero no solo ya en argumento, sino también en estética visual.

    

Más allá de eso los desenlaces, tanto de la cinta que hoy nos ocupa como de ‘Los renegados del diablo’ (2005), una de las grandes piezas del cineasta y músico, marchan motorizados y a ritmo de la eterna Free Bird de Lynyrd Skynyrd. Y por si eso os pareciese poco, por ahí anda el apellido Hawthorne, que nos lleva a ‘The lords of Salem’ (2012).

‘Willy’s Wonderland’ también tiene mucho de cine folk-horror, y hasta de slasher si me apuran. Esa tradición de pueblos en la américa profunda, sumidos bajo el yugo de ancestrales ritos paganos, un poco al estilo ‘Los chicos del maíz’ (Fritz Kiersch, 1984), se erige como elemento inesperado. Al tiempo que esa lucha fratricida entre lo rural y lo cosmopolita se atisba también en el horizonte.

Nuestra valoración

Nota Rock and Films

Tráiler de ‘Willy’s Wonderland’

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *