Crítica de ‘Ojos de fuego’ (2022). Un BlumHouse a medio gas

Tras dos años en barbecho, la obra de Stephen King vuelve a encontrar acomodo en la gran pantalla. La afortunada en esta ocasión, o desafortunada, visto el endeble resultado, no es otra que la novela de 1980 «Ojos de fuego». Un relato que ya contó, allá por 1984, con una eternamente denostada traslación firmada por Mark L. Lester. Cinta ahora más que nunca a reivindicar tras este decepcionante y desabrido segundo asalto comandado por Keith Thomas. Un trabajo muy a medio gas que llega al abrigo de BlumHouse.

Cosecha kingniana 2022

Tras un 2019 en el que tuvimos un total de hasta cuatro versiones cinematográficas de novelas de Stephen King, rematando el gran momento de popularidad que ha vivido durante los últimos años la obra del autor, Hollywood decidió darle un merecido respiro. ‘It, capítulo 2’, de Andy Muschietti; ‘Doctor Sueño’, de Mike Flanagan; ‘Cementerio de animales’, de Dennis Widmyer & Kevin Kolsch; y ‘En la hierba alta’, de Vincenzo Natali conformaron una provechosa aunque desigual cosecha kingniana 2019. Un cuarteto que hizo subir en bolsa las acciones de un autor que nunca ha pasado de moda para la industria norteamericana. La meca del cine siempre recurre a él, gocen luego de mayor o menor resonancia dichos trabajos.

Desde entonces, y hasta ahora, llegaron dos años de silencio. Rotos ahora por ‘Ojos de fuego’. Obra a la que le seguirá, por ejemplo, la ya confirmada para septiembre ‘El misterio de Salem´s Lot’. Tercera versión de la que fuera la segunda novela publicada de King, y primera estrictamente para cine tras dos tv movies. Una de ellas, la de Tobe Hooper de 1979, de bastante calado entre el devoto al terror. Este nuevo abordaje a la novela vampírica del escritor de Maine estará firmado por Gary Dauberman, un tipo que ya tiene experiencia con la obra de este tras firmar, como guionista, el díptico ‘It’ de Andy Muschietti.

Y luego hay por ahí otras cositas, aún sin fecha oficial, que por ello mantendremos en el anonimato. Mejor no generar falso hype antes de tiempo.

‘Ojos de fuego’: un autentico infierno, literal y metafórico.

Andy McGee y Vicky McGee son una joven pareja con una hija en común llamada Charlie. Durante su época universitaria ambos dos participaron, cual ratas de laboratorio, en un misterioso experimento médico con un raro producto llamado Lote-6. Como efecto secundario, letra pequeña que, por descontado, no leyeron, adquirieron increíbles poderes de telepatía y telequinesis. No quieran saber quién probó los cinco compuestos anteriores ni qué resultados les dieron.

¿Qué sucede cuando dos padres con, llamémoslos superpoderes, tienen descendencia? Pues al igual que los hijos de Elsa Pataky y Chris Hemsworth feos y patizambos no van a salir estos, enclenques y debiluchos tampoco tiene pinta de resultar. La prole de Andy y Vicky también adquiere increíbles capacidades ajenas por completo a la comprensión humana. En este caso concreto Charlie es bendecida, o maldecida, con el don de la piroquinesis. Una peligrosa capacidad que, a medida que crece, cada vez le cuesta más controlar. Y no imaginemos ya dominar, si es que alguna vez lo dominó.

Otra pregunta que lanzo al vuelo. Sí, hoy estoy inquisitivo. ¿Creen ustedes que la organización que montó el experimento va a renunciar tan fácilmente a unos sujetos con tan llamativas capacidades? Pues no, efectivamente. Y un pequeño accidente escolar de Charlie, derivado de llevar toda la vida reprimiendo unos poderes a los que no se les puede poner cerco, pone en alerta a dicha organización. Desde ese momento la vida de la familia se convierte en un autentico infierno, literal y metafórico.

Simple trámite burocrático

Así comienza ‘Ojos de fuego’. Cinta firmada por Keith Thomas, quien hace unos años estrenara ‘The vigil’, también al amparo de BlumHouse. El film, que acaba pareciendo más un simple trámite burocrático que otra cosa, está encabezado por Zac Efron, Sydney Lemmon y Ryan Kiera Armstrong como nuestro poderoso núcleo familiar a la fuga.

De los muchos problemas que acucian a ‘Ojos de fuego’, su gran y principal lastre es lo anodina que acaba resultando como película. Empieza en el punto A, acaba en el B, y por el camino apenas si te has despeinado. Y mira que a nivel argumental la obra tiene los suficientes cambios como para justificar su mera existencia. En ese aspecto queda patente que aquí el objetivo no era tanto hacer un mero remake de la película de 1984 como sí intentar más bien darle una leve vuelta de tuerca al material base de Stephen King. Pero nada, ni con eso logran quitarse de encima la pegajosa sensación de trámite que se te queda pegado a la chepa tras acabar el visionado del film.

Huyendo de la adaptación previa tropezaron con otro enemigo

Argumentalmente, durante la primera mitad de metraje, los cambios respecto al libro del 80 y la cinta del 84 son puramente narrativos. Lo que en aquellos eran simples flashbacks para poner en orden el intrigante y confuso presente que vivían Andy y Charlie, ahora pasa a ser prácticamente plato principal, convirtiendo de esa manera el relato en lineal.

Permuta que hubiera resultado un mero y vulgar trampantojo si no fuera porque, en la segunda mitad de metraje, el relato original de King sufre el verdadero vuelco. Cosa que, en esta ocasión concreta, no es lo que más me ha molestado del guion. Si es que me ha molestado, que no lo tengo aún muy claro. Diré más: incluso me han resultado estimulantes y llamativos los cambios. Abren vías cuando menos curiosas, aunque luego nunca se terminen de aprovechar del todo.

Lo peor del texto es comprobar como Scott Teems, su artífice, no ha comprendido en absoluto lo que es el relato original. O eso, o el querer huir de la adaptación anterior le ha jugado una mala pasada, que también puede ser. La novela es un thriller con toques de terror psicológico. Uno además que aborda el lado oscuro del superhéroe. Cosa que sí respetaba la adaptación de Mark L. Lester. Por contra esta ‘Ojos de fuego’ que ahora nos ocupa se obceca demasiado en querer ser una simple cinta de terror al uso. Eso que, en teoría, mejor se le da a BlumHouse. Algo que hace el film cuando no está pulsando la más acertada tecla del drama. Dos o tres jumpscares sueltos y completamente fuera de lugar confirman esa errónea condición.

‘Ojos de fuego’. Subproducto BlumHouse a modo de contenedor

Por todo ello ‘Ojos de fuego’ también deja sensación a mero subproducto BlumHouse para dar cabida a gente que ya tiene contrato con la compañía, y a la que hay que dar salida. Me explico.

En la dirección tenemos a Keith Thomas, quien ya estrenara hace tres años con la compañía su ópera prima: ‘The vigil’ (2019). Una película que, aun con cosas interesantes, me dejó entre tibio y frío. Aunque desde luego, al lado de ‘Ojos de fuego’, es hasta buena. Un Keith Thomas al que, por cierto, cada vez veo más como un artesano del oficio y menos como un cineasta con verdadera personalidad que tenga algo que ofrecer. Su realización aquí es tan correcta como insípida y funcional.

En el guion, que ya sea para bien o para mal, es donde más chicha hay, tenemos a Scott Teems. Tipo que ya participó en el texto de la también de Jason Blum ‘Halloween kills’ (David Gordon Green, 2021).

En la banda sonora tenemos a John Carpenter y a su hijo Cody Carpenter, también afiliados a la compañía tras la revitalización que le ha pegado el amigo Blum a esa joya del cineasta llamada ‘La noche de Halloween’ (1978). Una banda sonora, por cierto, muy en la línea Carpenter pero que no termino de tener muy claro que encaje bien, ni con la cinta, ni con su tono. Hubiera encajado más en la intriga de la adaptación de 1984, pero aquí, puesto que ni la intriga ni la tensión son palos de la baraja, no termina de tener mucho sentido que la música explore esos caminos.

Último apunte

En fin, había que dar salida a esos señores. Y entre ponerlos al servicio de un vetusto guion sacado del cajón de los proyectos olvidados, o ponerlos al servicio de una adaptación del popular Stephen King, cosa que, en teoría, va a tener más gancho a nivel taquilla, ¿ustedes qué harían? 

Ahora bien, puestos a hacer lo anterior, lo de tirar de un nombre previo con gancho, prefiero que lo hagan con productos más disfrutones, tales como ‘Fantasy Island’ (Jeff Wadlow, 2020).

Nuestra valoración:

Nota Rock and Films

Tráiler de ‘Ojos de fuego’

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