Crítica de ‘La trinchera infinita’ (2019). Treinta años de soledad.

José Mari Goenaga, Aitor Arregi & Jon Garaño, tres cineastas vascos en continuo crecimiento, elaboran en ‘La trinchera infinita’ su particular y andaluza ‘La ventana indiscreta’ (Alfred Hitchcock, 1954). ¡Viva la plurinacionalidad!

Los “topos” de la Guerra Civil

Las vergüenzas y miserias de la Guerra Civil se convierten en inesperados prismáticos, y el deje andaluz en momentánea cortina, en este consistente e inmersivo drama inspirado en los llamados “topos” de aquella contienda. Gente que, por sus ideales contrarios al régimen y por miedo a las represalias, se vio obligada a la reclusión en el hogar. Prolongándose dicho cautiverio, en algunos casos, hasta por más de treinta años.

Aunque en lo más profundo ‘La trinchera infinita’ también oculta su propia trinchera. El film de Garaño, Arregi & Goenaga se rebela como un firme contenedor para muchas otras cosas más allá de la simple y obvia reprobación a aquella oscura época de nuestro país. Higinio y Rosa se muestran como sólidos espejos de doble fondo que reflejan: el amor, el miedo, los ideales, su valor y su percepción, la condición humana, la familia, el paso del tiempo y el inexorable cambio que este conlleva tanto en nosotros como en los demás. En fin, un jugoso parapeto que afianza esta historia de encierro “voluntario”.

El poso

‘La trinchera infinita’ brilla en fondo, pero también en forma. Logrando al fin que una obra de estos tres realizadores aparque ese defecto presente a lo largo de toda su filmografía: el poco poso de sus trabajos. Me encanta ‘Handia’ (Jon Garaño & Aitor Arregi, 2017) y me encanta aún más ‘Loreak’ (Jon Garaño & José Mari Goenaga, 2014), pero son dos películas que olvidé al poco de verlas. En cambio creo que ‘La trinchera infinita’ permanecerá más en mí, tiene mimbres para ello.

Un portento en fondo y forma

Técnicamente ‘La trinchera infinita’ es una maravilla, y actoralmente tres cuartos de lo mismo. Las interpretaciones de la pareja protagonista son majestuosas, y más aún siendo esta una cinta de miradas. De Antonio de la Torre vale que lo esperas, lleva ya muchas montañas escaladas a sus espaldas, pero lo de Belén Cuesta es una gratificante sorpresa. Carne de premios.

A esas dos interpretaciones hay que añadirles un apartado de maquillaje brutal, sobre todo con de la Torre. Evidenciar en su rostro el fatigoso paso del tiempo, y hacerlo además de manera realista y creíble, me parece también carne de premio.

La fotografía es también admirable. Esta lo mismo te transmite la claustrofóbica sensación de encierro de Higinio, abusando de planos a través de puertas entornadas o pequeños agujeros en la pared; que te transmite fatalidad y tensión en las persecuciones, recurriendo al movimiento brusco de cámara. A ello se le une un buen montaje, por supuesto.

¿De San Sebastián al cielo?…

Si he de buscarle algún pero a ‘La trinchera infinita’ citaré algún que otro exceso argumental metido con calzador, y que vive únicamente para afianzar de manera innecesaria el fondo del film. Y no solo ya afianzarlo, sino para dejárselo bien masticado a las nuevas generaciones. En resumen, y siendo tan poco sutil como ella, la subtrama del cartero me ha sobrado mucho.

Pero por lo demás ‘La trinchera infinita’ es una película genial que triunfó en el pasado festival de San Sebastián y que seguramente pujará fuerte en la temporada de premios que se avecina. Luchar contra ‘Dolor y gloria’ (Pedro Almodóbar, 2019) será difícil, las cosas como son. Pero la Academia muchas veces funciona por deudas, y la de esta con José Mari Goenaga, Aitor Arregi & Jon Garaño empieza ya a verse en el horizonte.

En fin, pinta interesante la temporada de premios.

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