El sol que abrasa

Crítica de ‘El sol que abrasa’ (2019). Cuentas pendientes

‘El sol que abrasa’, película del taiwanés Chung Mong-hong, se presentó en la última edición del Festival de Toronto y ya está disponible en el catálogo de Netflix. Todo en esta cinta me parece admirable. Un encadenado de circunstancias, acompasadas de un ritmo y cadencia que sortean los 156 minutos de metraje con soltura. La disfruto en un parpadeo, nunca me invade la sensación de lo plomizo.

El sufrimiento de unos padres.

El sol que abrasa

‘El sol que abrasa’ da cuenta de un matrimonio con dos hijos. El mayor aplicado, universitario y retraído es el orgullo paterno. El menor ha sido siempre problemático. La película arranca con este joven participando en un acto brutal. Una licencia narrativa que bebe del mejor cine de acción, delatando el origen asiático de su autor. Al dar con sus huesos en el reformatorio, una sucesión de acontecimientos pondrá a prueba la unidad familiar. Chung Mong-hong llena la pantalla de abundantes centros de interés, todos tocados con sutileza y sensibilidad. Impone una atmósfera triste, sombría, situando a los padres (y madres) en el centro de su relato. Me llegan sus padecimientos, el sufrimiento por el devenir de lo que más quieren, cómo sufren por los actos de sus hijos.

Esos afectos se exteriorizan de manera diferente. La actitud penitente de la mujer, apechugando con resignación sin renunciar al cariño por encima de todo, se contrapone a la del padre, distante, fría.  La pérdida, la frustración y la impotencia son vivencias terribles, que Mong-hong trata con mimo, en una película profunda, que atesora la hondura característica de las grandes historias.

Entre los personajes se establecen difíciles relaciones.

El sol que abrasa

El reparto está magnífico, en especial Chen Yi-Wen, escondiendo tras un logrado hermetismo sus propias inseguridades. Impone a su personaje la pesada carga de la desilusión. Sosteniendo un soterrado diálogo, los actores abren paso a complejísimas relaciones, dónde las insinuaciones no verbales alimentan el vértigo hacia el futuro. Y aporta a este drama su lado oscuro, más seco.

Tráiler de ‘El sol que abrasa’

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