Sweetheart

Crítica de ‘Sweetheart’ (2019). Sobrevivir al monstruo

‘Sweetheart’, última película del director J.D. Dillard y presentada en el Festival Sundance 2019, no es una cinta de terror al uso. Se configura más bien como una propuesta de suspense, con la supervivencia como motor incombustible de la historia. Una mujer (Kiersey Clemons) despierta a orillas de la playa junto a un hombre malherido, por el que no puede hacer nada para mantenerlo vivo. Ataviados con chalecos salvavidas, se intuye que son parte de un naufragio.

Una historia de supervivencia

Sweetheart

Dillard gradúa con paciencia artesanal las causas que colocan a sus personajes de esta suerte. La parquedad explicativa forma parte de un entramado que no precisa de grandes fuegos de artificio para sostener la tensión. Meritorio el convertir un argumento que lleva inscrito en la frente lo prosaico, en un ejercicio de estilo austero, pero de innegable eficacia.

La primera parte de ‘Sweetheart’ coloca a la protagonista ante la tesitura de sobrevivir, indagar en ese pequeño islote dónde queda confinada, con vestigios de una anterior presencia humana. La de una familia que dejó objetos y otros enseres abandonados. Primer indicio, junto a otros meticulosos detalles, de que en realidad no está sola. Y abre paso al monstruo. Una extraña criatura que surge de las profundidades del mar por la noche.

El monstruo entra en acción

Sweetheart

Dillard no se complica la vida con el aspecto de la bestia. Antes de su aparición en pantalla, apenas una silueta a modo de ánima, y unos gruñidos difíciles de identificar con una onomatopeya, aceleran la respiración de la joven. Cuando se hace visible, parece una caricatura grotesca del hombre anfibio que imaginó Guillermo del Toro para ‘La forma del agua’. Quedan patentes las limitaciones presupuestarias de ‘Sweetheart’. Las prioridades corren por otro lado.

La llegada a la isla de otros dos naúfragos en una balsa, llevados por la resaca, facilitan que la película incorpore elementos del thriller más convencional. Se resuelven a partir de dos principios: brevedad (82 minutos de metraje), y el adorno de las elipsis mediante una sugestiva ambigüedad.

Tráiler de ‘Sweetheart’

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