Crítica de ‘La Liga de la Justicia de Zack Snyder’ (2021). Numerito final

Tras más de tres años de infructuosas idas y venidas, pueriles rumores, y exigencias de un fandom exacerbado hasta la médula, llega ‘La Liga de la Justicia de Zack Snyder’. El numerito final, a modo de tunante “para lo que me queda en el convento, me cago dentro”, del ya ex-jefe de pista del universo DC. Un gargantuesco y elefantiásico remontaje de casi cuatro horas de la primigenia ‘Liga de la Justicia’ (2017) que obrara Joss Whedon tras la marcha de Snyder por motivos personales durante la posproducción. Un trabajo que el pasado 18 de marzo aterrizó en HBO Max, y que llega bajo el amparo del caprichoso grito en redes sociales de #ReleaseTheSnyderCut.

Un antojadizo movimiento con aires de niño malcriado que merecería análisis propio, sobre todo de cara a las implicaciones que conlleva su éxito. Un grito que a día de hoy se muestra más efectivo que otros tan necesarios como el del #BlackLivesMatter o el #MeToo. Y cuidado con ese #RestoreTheSnyderVerse que se oye no muy a lo lejos.

Mismo perro, distinto collar

Tras la muerte de Superman en ‘Batman Vs. Superman (El amanecer de la justicia)’ (Zack Snyder, 2016) a manos del caballero oscuro, y como peaje obligatorio para derrotar al monstruoso engendro de Zod creado por Lex Luthor, el mundo está sumido en la confusión y el dolor. Dicha pérdida abre la puerta a nuevas amenazas llegadas del espacio exterior, algo que el bueno de Bruce Wayne se huele. Nuestro hogar es vulnerable y, por ello, decide ponerse manos a la obra en lo que a la búsqueda de reclutas en mallas y con superpoderes que se unan a su causa. Pero Bruce va tan sobrado de pasta como falto de labia, y su primer candidato, Aquaman, le hace la cobra.

Entretanto esa amenaza de la que antes hablaba como de pasada se cristaliza en la figura de Steppenwolf. Un temible ser de otro planeta, que lidera un grupo de parademonios, y que pretende usar la Tierra como moneda de cambio en una deuda contraída con uno de sus superiores, de nombre Darkseid. ¿Logrará Batman reunir un buen equipo de superhéroes a tiempo de salvar el planeta?…

Así desarrolla Zack Snyder ‘La Liga de la Justicia de Zack Snyder’, un film en el que, más allá de celebrar el hecho de que el cineasta, tras casi una década de decepcionantes intentonas, al fin haya logrado hacer lo que le da la real gana sin intromisiones de ejecutivos, poco más positivo hay a lo que aferrarse. Este remontaje es un onanista circo de tres pistas del exceso y la vanidad con un único destinatario: el mimado fandom de la etapa DC de Snyder.

Para lo malo ya hubo tiempo

Desde sus más tiernos orígenes me he declarado incondicional de Zack Snyder y su cine. Venero obras como ‘300’ (2006), ‘Sucker Punch’ (2011) o ‘Watchmen’ (2009), también de alguna manera las más representativas de su estilo. Fuera de él asoma la cabeza por ahí ‘Amanecer de los muertos’ (2004), aquel remake de un clásico de George A. Romero con el que debutó en el largometraje tras llegar del mundo del videoclip. En definitiva, unas las amo más, otras un poco menos, pero todas las defiendo a capa y espada. Y he aquí que fichó por DC, y mi amor se transformó en desidia.

Tanto ‘El hombre de acero’ (2013) como la antes citada ‘Batman Vs. Superman (El amanecer de la justicia)’ son trabajos que me dejan muy indiferente; aun reconociendo sus posibles virtudes, que las hay. En ningún momento de su carrera el realizador ha perdido su personalidad, eso lo reconozco. Gusten más o menos sus films, eso siempre está presente. Pero lo dicho, su etapa DC siempre me ha generado apatía y desgana.

    

Por consiguiente ‘La Liga de la Justicia de Zack Snyder’ también me produce esas sensaciones. El producto no está hecho para mí. Pero como recalcaba antes, a estas alturas del relato prefiero quedarme con lo bueno, ese jubiloso sentimiento de celebrar que por fin Snyder ha podido completar algo para DC sin intromisiones de terceros, que con lo malo. Para esto último el director nos ha dado tiempo más que de sobra.

Los agujeros siguen ahí

Dicho lo anterior, y dejado claro ya que la principal función de ‘La Liga de la Justicia de Zack Snyder’ es provocar regocijo y placer casi erótico a los más incondicionales de la etapa DC del cineasta, otro cometido es sacar a la luz, por si no lo habían hecho ya, todos esos reshoots que llevó a cabo Joss Whedon para su versión de 2017.

El encuentro inicial de Batman con uno de los parademonios de Steppenwolf en las azoteas de Gotham, escena inicial además de ‘Liga de la Justicia’, en este remontaje de Zack Snyder ha sido suprimido. Otro elemento añadido por Whedon fue la familia residente en la ciudad rusa esa donde el villano de la función monta su cuartel general. Un alivio de humanidad que Snyder demuestra no necesitar. Al igual que cierta chanza entre Flash y Superman tras la batalla a cuenta de quién es más veloz.

    

La escena del bigote de Henry Cavill también ha desaparecido, por fortuna. Pero al final es muy curioso comprobar cómo, aunque gran parte de las modificaciones ayuden a hacer más orgánico y natural el desarrollo del film, no así logran subsanar defectos de bulto. En ambos montajes la primera aparición de Wonder Woman tiene un único fin: demostrar que Flash sobra del grupo. Si ella ya posee supervelocidad, como demuestra en el asalto al banco, ¿para qué diantres necesitamos a Barry Allen? Para corregir estas cositas debería servir un extended cut, pero en este caso ‘La Liga de la Justicia de Zack Snyder’ no evita estos agujeros.

Al final las casi cuatro horas de metraje también solo sirven para dar demasiado espacio a actores secundarios que no sabemos de dónde los sacó el jefe de casting. Joe Morton interpreta al padre de Cyborg, aunque yo nunca dejé de plantearme que el papel siempre hubo de haber sido de Giancarlo Esposito. En la versión de Whedon no me dio tiempo a pensar estas cosas.

    

Steppenwolf, punta de lanza del aspecto visual

Visualmente la película también es una oda a la vanidad más absoluta. Alguien decía que, sin cámaras lentas, ‘La Liga de la Justicia de Zack Snyder’ habría durado dos horas menos, y no le puedo quitar la razón. Pero es que en general las set-pieces de batallas siguen apreciándose hipersaturadas de color y brillo, y tremendamente artificiales. Los cromas de Zack Snyder han tenido épocas mejores.

El diseño de Steppenwolf ha mejorado ostensiblemente, eso lo admito. Es muy probablemente el cambio a mejor más significativo. No solo impone en cuanto a presencia, sino que queda patente que no se podía hacer con maquillajes y prótesis sobre ese Ciarán Hinds que le presta voz. Algo que en la versión de Whedon sí quedaba patente.

Nuestra valoración

Nota Rock and Films

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