Poster de la película Fantasy Island

Crítica de ‘Fantasy Island’ (2020). a.k.a. ‘Westworld (El origen)’

Menuda ‘Westworld (El origen)’ de baratillo la que se marca BlumHouse en ‘Fantasy Island’. De baratillo, pero, eso sí, tremendamente gustosa hasta que los guionistas, por llamarlos algo, lo estropean todo en un tercer acto para olvidar lleno a rebosar de innecesarios volantazos argumentales.

Fotograma de Fantasy Island

Realidad (no tan) virtual

Jason Blum, Jeff Wadlow, Chris Roach & Jillian Jacobs, el equipo que hace un par de años nos trajo ‘Verdad o reto’ (2018), nos entrega ahora ‘Fantasy Island’. Una reformulación de la serie homónima de 1977 creada por Gene Levitt, la cual constó de hasta siete temporadas.

 

Cinco afortunados han resultado ganadores de un concurso. El premio: la estancia en un lujoso resort situado en una misteriosa isla tropical que promete hacer realidad sus más ansiados sueños. Un tal Mr. Roarke dirige el lugar, y una sola norma rige esta experiencia: tienen que llegar hasta el final de su fantasía.

Fotograma de Fantasy Island

 

Así da comienzo ‘Fantasy Island’, una mal etiquetada cinta de terror que retuerce de algún modo conceptos tan de moda como: la realidad virtual o las escape rooms.

‘Westworld (El origen)’

Absolutamente imposible no ver al Mr. Roarke de Michael Peña de ‘Fantasy Island’ como una especie de rustico antecesor, en versión hombre de fe, de ese hombre de ciencia que es el Robert Ford de Anthony Hopkins de la serie ‘Westworld’. Involución comandada por un sobrenatural deus ex machina a lo ‘Perdidos’, otra famosa serie de la que también bebe bastante este film de Jeff Wadlow.

 

Melanie, Gwen, Patrick y los hermanos Weaver llegan a esta enigmática isla que, a modo de vívida escape room con algo más que simple realidad virtual, promete hacerles corregir, o directamente olvidar, errores del pasado. Modus operandi muy similar al de esa especie de parque de atracciones hiper realista enclavado en el salvaje oeste americano que nos presentaron Jonathan Nolan & Lisa Joy en ‘Westworld’. Lógicamente las ambiciones de esta serie y las de ‘Fantasy Island’ son radicalmente opuestas, pero la base es endiabladamente similar.

Marchando una de actos

En sus dos primeros actos ‘Fantasy Island’ es un bastante llevadero medley de diferentes géneros y estilos. Tenemos un cachondo y festivo segmento con ese inconfundible aroma al primer Todd Phillips, otro que evoca directamente a ese torture porn que practica Eli Roth, otro que nos recuerda a esos melodramas de segundas oportunidades made in Lasse Hallström, y así hasta completar los cuatro arcos dramáticos de cada uno de los invitados al resort de Mr. Roarke.

 

Muy cierto que, por las condiciones del producto, todas esas, llamémoslas, mini películas, nunca acaban de desarrollarse como debiera o gustase. Son más bien aperitivos antes que platos principales; y como ello actúan, manteniendo de forma bastante potable el interés del espectador.

Es en el tercer acto donde ‘Fantasy Island’ se hunde con todo el equipo. El primer plot twist, ese con el que da comienzo el clímax final, aunque por entonces aún no lo sabes, está bastante bien, pudiendo llegar incluso a sorprender. Pero todos los volantazos argumentales que acontecen a partir de ahí son un despropósito tras otro que va aguando, poco a poco, nuestra estancia en el resort.

 

Jeff Wadlow, Chris Roach & Jillian Jacobs, los guionistas, empiezan a meter en la trama unos giros que, yo creo, que ni ellos mismos se los creen. Vaivenes argumentales que llegan incluso a destrozar por completo la lógica interna del relato, y que hacen que la película se termine haciendo hasta larga.

Marchando una de etiquetas

Aunque por términos de marketing puro y duro Jason Blum, el productor, haya decidido vendernos ‘Fantasy Island’ como una cinta de terror, la realidad es radicalmente opuesta. Este film de Jeff Wadlow tiene lo mismo de obra de terror que yo de carnicero. Pero claro, de alguna forma hay que vender. Y más cuando eres el mandamás de una compañía que, precisamente, se jacta de vender sus productos mejor que el más parlanchín de los comerciales. Si es por vender, aquí se colocan etiquetas aunque con ello engañemos al espectador.

 

‘Fantasy Island’ es más bien un thriller dramático con tintes de fantasía. Todo ello tocando, en sus respectivas subcapas, otros muchos géneros; entre ellos el horror, por supuesto. Pero pasar de eso a catalogar la película como una cinta de terror, va un trecho. Y ese trecho enfadará a no pocos espectadores incautos.

Buen reparto

Dejando a un lado nuestro alter ego tiquismiquis, hay que reconocer que ‘Fantasy Island’ puede llegar ser un grato guilty pleasure. Corroborado por un reparto muy interesante, tanto en principales como en secundarios, y hasta en cameos.

Michael Peña se posiciona como ambiguo director de orquesta de este resort. Lucy Hale, quien ya integrara filas en ‘Verdad o reto’, vuelve aquí a portar la bandera actoral en lo que a protagonistas se refiere; posición que comparte con Maggie Q.

Michael Rooker, actor que tras su breve aparición en la primera temporada de ‘The walking dead’ se ha convertido en un secundario de lujo, gozando casi de una segunda juventud; y Kim Koates, nombre que les sonará a los devotos de la serie ‘Sons of anarchy’, comandan sólidamente el plantel de secundarios. Y tenemos por ahí a la espectacular modelo Charlotte McKinney en un inesperado pero grato cameo.

¿Qué más se puede pedir?…

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