Saturno devorando a su hijo

Ensayo sobre la sordera

Hace un puñado de años, los poetas de las cunetas escribían en revistas y las canciones solo servían para bailar. Eran las herramientas del amor contra el odio, era el arte de poner la otra mejilla, que tan colorada de cachetes todavía puede sonreír.

Hoy, que también es ayer, son dos hermanos, sus patadas y abrazos son el ritmo y la rima. Ya abuelos, no tienen la culpa de que algún hijo les salga tonto. Cada uno vive su vida, pero quedan en secreto, la poesía parece mucho más vieja y a la música eso no le hace bueno, porque va a la moda, le gusta aparentar que no ha muerto, y solo está medicada, para no hacer daño. Puede gritar pero de aquí a la valla, puede disfrazarse del Príncipe de Bel-Air y que nadie se fije en como se arrastra.

¿Va a volver la magia de los años 70′, 80′, incluso 90′, en forma de grupo tributo? — No creo.

¿Va a volver Unamuno a burlarse de Millán-Astray? — Fuera de un Micro Abierto, tras el minuto de fama, nadie escucha a los poetas.

Es la radicalización constante del alma el único desarrollo posible, copiar y pegar es la muleta de los falsos cojos, de los artistas con técnica y sin arte, ellos nunca morirán de sobredosis. No es necesario el talento, puedes ponerte una peluca y un tanga, pero cuando se te caigan las tetas nadie cantará tus canciones. Como reclamo publicitario ya no vales, aquí nadie ha dicho nada de cantar.

Han rescatado del naufragio a miles de canta-autores, ninguno va a la guerra, todos toman el sol, como diría Albert Pla, ni cobardes, ni valientes, ni revolucionarios. Serrat ya está mayor para cantar a Machado, y a los Lagartija Nick les falta Enrique Morente.

Canciones políticamente incorrectas y fuera de onda, se apoyan en músicos y poetas enfermos haciendo su noche más larga. Todos saben que no descansarán y que de los hastíos nace la inspiración, todos saben que: volverán los antiguos acordes, por la boca, el cielo y los bares, en sus guitarras a sonar.

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