Ryan Gosling en 'First Man'

Crítica ‘First Man’ (2018): Chazelle se lanza al espacio sin paracaídas

No estamos hablando ni del engranaje perfecto de ‘Whiplash’, ni del musical que llenó la estantería de premios de la casa de Damien Chazelle, ‘La la land’. En esta ocasión el realizador ha dejado un terreno donde se siente muy cómodo, el de la música, y se ha adentrado en la biografía de un hombre un tanto especial/espacial. El primero que, supuestamente -las teorías sobre que el hombre aún no ha pisado nuestro satélite son infinitas-, puso un pie en la luna. Ni más ni menos, que Neil Armstrong. Y se ha lanzado al espacio sin paracaídas. ¿A quién se le ocurre? De la reentrada a la atmósfera y su posterior aterrizaje ha salido indemne, pero con unos cuantos arañazos. Ahí va nuestra crítica con algún pequeño spoiler de ‘First Man’.

La muerte como hilo conductor

La cinta narra la odisea vital del astronauta Neil Armstrong desde 1961 y sus primeras pruebas como astronauta, hasta que pone un pie en la Luna a bordo del Apolo XI el 20 de julio de 1969. Uno de los errores es el largo periodo que abarca el director en un metraje que dura algo más de dos horas. La cinta se hace lenta en muchos momentos. Pero todo tiene una explicación. ‘El primer hombre’, no es una película sobre la conquista de la Luna, es una cinta sobre una persona que se va deshumanizando y alejando de su familia a medida que la muerte le toca de cerca. Primero la de su hija, y luego la de varios compañeros de la NASA durante diferentes pruebas. Hasta tal punto de despedirse de sus hijos, obligado por su mujer, antes de adentrarse en la aventura del Apolo XI con la misma frialdad que da explicaciones a los periodistas en la rueda de prensa. La guinda del pastel a esta deshumanización llega con la última escena, después de regresar de la Luna. Neil está en cuarentena, un fino cristal le separa de su mujer, la histriónica Claire Foy de hipnóticos ojos azules. Pero no está al lado de ella, se encuentra a años luz flotando mentalmente en el espacio. Ya no volverá a ser el padre de familia que un día fue.

Ryan Gosling en 'First Man'

Ryan Gosling, el hombre impasible

No hay una cara más inexpresiva en el cine actual que la de Ryan Gosling. ‘Blue Valentine’, ‘Drive’, incluso ‘La La Land’; toda su filmografía está plagada de personajes hieráticos. Chazelle intenta quitarle ese San Benito con una de las primeras escenas. Muere su hija y Neil llora, parece que la glándula lagrimal de Gosling no está oxidada, funciona, incluso da hasta un poco de pena. Pero hasta ahí toda la expresividad de su rostro. A partir de ese momento, la trama se sucede y Gosling se convierte en el ciborg al que nos tiene acostumbrados. Aunque está encasillado en estos papeles, he de decir que es un maestro de la economía de gestos y la inexpresividad.

Ryan Gosling en 'First Man'

La centrifugadora de Chazelle

La centrifugadora de Chazelle funciona a la perfección. Cuando te subes al cohete con Neil, literalmente, parece que te empiezan a llover hostias por doquier y te deja hasta mal cuerpo. Un cúmulo de primeros planos y planos subjetivos te hacen meterte en la piel del astronauta. Un acierto por su parte, aunque estas piezas no cuajen técnicamente con el resto de la obra. La fotografía, con un look 16 mms, está muy lograda y nos transporta a los años 60 con efecto inmediato sin necesidad de ningún transbordador espacial que regrese en el tiempo y sin tener que montarnos en el mítico DeLorean junto a Marty McFly. El mayor acierto técnico es el genial uso del silencio en el espacio muy en la línea de ‘Gravity’. Es un silencio atronador que genera una tensión por si sólo que asusta, sólo interrumpido por alguna leve respiración. Por último, la banda sonora suma en momentos claves, especialmente cuando Neil pisa por primera vez la Luna. Pocos peros a nivel técnico.

Ryan Gosling en 'First Man'

Claroscuros ‘First man’

En resumen, el lienzo que nos ofrece el jovencísimo director de Rhode Island es como un claroscuro de Caravaggio, con sus luces y sombras, con sus aciertos y sus fracasos. Una obra caótica, que en ocasiones se le va de las manos, pero que rebosa una belleza imperfecta que merece ser visionada. Quizás a Chazelle le persiga de por vida, como a Neruda ‘Veinte poemas de amor y una canción desesperada’, la larga sombra de ‘La la Land’. Aún es joven.

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